martes, 2 de mayo de 2017

DIOS CONTESTA LA ORACION






"¿Hay pruebas de que Dios contesta las oraciones?"

Respuesta:
Podrían citarse innumerables historias de enfermedades curadas, exámenes pasados, arrepentimiento y perdón otorgado, relaciones restauradas, niños hambrientos alimentados, recibos pagados, y vidas y almas salvadas a través de la eficacia de la oración. Así que, sí, hay mucha evidencia que Dios contesta las oraciones. La mayoría de las evidencias es anecdótica y personal, sin embargo, y eso molesta a muchos que sólo piensan en la “evidencia" como eso que es observable, medible y reproducible.

La Escritura enseña claramente que las oraciones son contestadas. Santiago 5:16 afirma que “La oración eficaz del justo puede mucho." Jesús enseñó a sus discípulos que "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho." (Juan 15:7). 1 Juan 3:22 hace eco de esta verdad, diciendo que "cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él. "

Además, las Escrituras están repletas de historias de la oración contestada. La oración de Elías por fuego del cielo (2 Reyes 1:12), la oración de Ezequías para liberación (2 Reyes 19:19), y la oración de los apóstoles por denuedo (Hechos 4:29) son sólo tres ejemplos. Puesto que estos relatos fueron escritos por testigos oculares de los hechos, constituyen pruebas claras de la oración contestada. Uno podría, por supuesto, replicar que la Escritura no presenta evidencia observable en el sentido "científico". Sin embargo, ninguna declaración de las Escrituras alguna vez ha sido refutada concluyentemente, así que no hay razón para dudar de su testimonio. De hecho, llamar algunos tipos de pruebas como "científicas" y otras como "no científicas" es una distinción artificial y difusa. Esta distinción puede hacerse sólo a priori, es decir, antes de la evaluación de los datos. En otras palabras, la elección de evaluar la eficacia de la oración sólo a la luz de la evidencia observable no es una decisión motivada por los datos sino por compromisos previos filosóficos. Cuando esta restricción arbitraria es relajada, los datos bíblicos hablan claramente para sí mismos.

En ocasiones, un grupo de investigadores llevará a cabo un estudio científico sobre la eficacia de la oración. Sus hallazgos son generalmente que la oración tiene ningún efecto (o incluso un efecto negativo) en, por ejemplo, el tiempo de recuperación promedio de personas en la atención médica. ¿Cómo hemos de entender los resultados de estudios como estos? ¿Hay alguna razón bíblica para oraciones no contestadas?

Salmos 66:18 dice: "Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado." Asimismo, 1 Juan 5:15 califica nuestra recepción de "lo que pedimos" con nuestra obediencia a los mandamientos de Dios. Santiago señala que "Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites." (4:3). Así, un par de razones para oraciones no contestadas es pecados inconfesos y motivaciones malas.

Otra razón para la oración no contestada es la falta de fe: "Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor." (Santiago 1:6-7). Hebreos 11:6 también identifica la fe como una condición necesaria para una relación con Dios, algo siempre mediado por la oración en nombre de Cristo: "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan." La fe, entonces, es necesaria para la oración contestada.

Finalmente, algunos críticos del Cristianismo argumentan que, puesto que Jesús instruye a sus discípulos a "pedir todo lo que quieras", todas las oraciones deben contestarse. Sin embargo, tales críticas ignoran completamente las condiciones de la promesa en la primera parte del versículo: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros..." Esto es claramente una receta para orar en la voluntad de Dios; en otras palabras, la oración genuina que Dios siempre contesta es, de hecho, esa clase que solicita, explícita o implícitamente, que la voluntad de Dios sea cumplida. La voluntad del peticionario es secundaria. Jesús oró así en Getsemaní (Lucas 22:42). La humilde plegaria de fe permite que la oración puede ser respondida con un "no"; alguien que no ofrece este tipo de oración — quien exige ser respondido — no tiene derecho a esperar una respuesta.

Otra razón de por qué tantos estudios reportan la ineficacia de la oración es que es imposible eliminar las variables asociadas con la condición espiritual de aquellos que oran (¿es el peticionario incluso un creyente?), la motivación para ofrecer la oración (¿es para aportar evidencia o porque el Espíritu Santo le ha movido a orar?), la forma en que ofrecen sus oraciones (¿está orando una expresión formulaica o intencionalmente llevando peticiones a Dios?), y así sucesivamente.

Aunque podrían eliminarse todas estas variables al acecho, quedaría un problema primordial: si la oración podría ser probada empíricamente y obligada a rendir resultados concluyentes, podría obviar la necesidad de fe. Nosotros no podemos "descubrir" a Dios a través de las observaciones empíricas; venimos a Él por fe. Dios no es tan torpe que Él debe revelarse a sí mismo en formas que no pretendía. "…es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay…" (que es, y que existe). La fe es el requisito previo y la prioridad.

¿Dios contesta la oración? Pregunte a cualquier creyente, y usted sabrá la respuesta. Cada vida transformada de cada creyente es evidencia de que Dios contesta las oraciones.

lunes, 1 de mayo de 2017

ORACION DE SUPLICA







"¿Qué es una oración de súplica?"

Respuesta:
Podemos llegar a Dios en oración para una variedad de razones — para adorarlo, para confesar nuestros pecados y pedir perdón, para darle las gracias por Sus bendiciones, para pedir cosas por nosotros mismos, y/o para orar por las necesidades de los demás. Las palabras hebreas y griegas más a menudo traducidas "súplica" en la Biblia significan literalmente "una solicitud o petición," por tanto una oración de súplica es pedir a Dios por algo. A diferencia de la oración de petición, la cual es una oración en favor de otros, la oración de súplica es generalmente una solicitud de la persona que está orando.

La Biblia incluye muchas oraciones de súplica. Numerosos ejemplos se encuentran en los Salmos, por ejemplo. Los Salmos de David están llenos de súplicas por la misericordia en el Salmo 4:1, por guía en el Salmo 5:8, por la liberación en el Salmo 6:4, por la liberación de la persecución en el Salmo 7:1 y así sucesivamente. Cuando Daniel supo que el rey Ciro había emitido un edicto prohibiendo la oración a cualquier dios, excepto al rey mismo, Daniel siguió orando a Dios con oraciones de agradecimiento, así como oraciones de súplica por Su ayuda en esta difícil situación.

En el Nuevo Testamento, Jesús nos dice que pidamos por nuestro pan diario en Mateo 6:11; esto cae en la categoría de una oración de súplica. Además, en Lucas 18:1-8, Jesús nos enseña a no dejar de orar por lo que necesitamos. En Santiago, sin embargo, encontramos un equilibrio: por un lado no recibimos porque no pedimos (Santiago 4:2). Por otro lado, podemos preguntar y no recibir porque estamos pensando solamente en nuestros deseos carnales (Santiago 4:3). Tal vez la mejor forma de ofrecer las súplicas es pedirle a Dios con toda honestidad como niños hablando con su Padre bondadoso, pero terminando con ‘no sea como yo quiero, sino como tú.’ (Mateo 26:39), en plena entrega a Su voluntad.

Tras describir la necesidad de tomar "toda la armadura de Dios" (Efesios 6:13-17), el apóstol Pablo exhortó a los Efesios (y a nosotros) a mantenerse alertas y a orar en el Espíritu, "velando en… súplica por todos los santos." (Efesios 6:18) Claramente, las oraciones de súplica forman parte de la batalla espiritual en la que todos los cristianos se involucran. Pablo además exhorta a la iglesia de Filipos a aliviar sus angustias por mantenerse fieles en la oración, especialmente las oraciones de acción de gracias y la súplica. Esto, él concluye, es la fórmula para asegurar que "la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús" (Filipenses 4:6-7).

Aquí vemos otro aspecto crucial de la oración de súplica — la necesidad de la fe en el Señor Jesucristo. Aquellos que pertenecen a Cristo también tenemos la morada del Espíritu Santo, el cual intercede en nuestro favor. Porque muchas veces no sabemos qué o cómo orar cuando nos acercamos a Dios, el Espíritu intercede y ora por nosotros, interpretando nuestras súplicas para que, cuando nos estamos abrumados por los ensayos y los afanes de la vida, Él venga junto a nosotros a ofrecer ayuda con nuestras oraciones de súplica, apoyándonos ante el trono de la gracia (Romanos 8:26).

DIOS CONTESTA LA ORACION






"¿Hay pruebas de que Dios contesta las oraciones?"

 
 Podrían citarse innumerables historias de enfermedades curadas, exámenes pasados, arrepentimiento y perdón otorgado, relaciones restauradas, niños hambrientos alimentados, recibos pagados, y vidas y almas salvadas a través de la eficacia de la oración. Así que, sí, hay mucha evidencia que Dios contesta las oraciones. La mayoría de las evidencias es anecdótica y personal, sin embargo, y eso molesta a muchos que sólo piensan en la “evidencia" como eso que es observable, medible y reproducible.

La Escritura enseña claramente que las oraciones son contestadas. Santiago 5:16 afirma que “La oración eficaz del justo puede mucho." Jesús enseñó a sus discípulos que "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho." (Juan 15:7). 1 Juan 3:22 hace eco de esta verdad, diciendo que "cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él. "

Además, las Escrituras están repletas de historias de la oración contestada. La oración de Elías por fuego del cielo (2 Reyes 1:12), la oración de Ezequías para liberación (2 Reyes 19:19), y la oración de los apóstoles por denuedo (Hechos 4:29) son sólo tres ejemplos. Puesto que estos relatos fueron escritos por testigos oculares de los hechos, constituyen pruebas claras de la oración contestada. Uno podría, por supuesto, replicar que la Escritura no presenta evidencia observable en el sentido "científico". Sin embargo, ninguna declaración de las Escrituras alguna vez ha sido refutada concluyentemente, así que no hay razón para dudar de su testimonio. De hecho, llamar algunos tipos de pruebas como "científicas" y otras como "no científicas" es una distinción artificial y difusa. Esta distinción puede hacerse sólo a priori, es decir, antes de la evaluación de los datos. En otras palabras, la elección de evaluar la eficacia de la oración sólo a la luz de la evidencia observable no es una decisión motivada por los datos sino por compromisos previos filosóficos. Cuando esta restricción arbitraria es relajada, los datos bíblicos hablan claramente para sí mismos.

En ocasiones, un grupo de investigadores llevará a cabo un estudio científico sobre la eficacia de la oración. Sus hallazgos son generalmente que la oración tiene ningún efecto (o incluso un efecto negativo) en, por ejemplo, el tiempo de recuperación promedio de personas en la atención médica. ¿Cómo hemos de entender los resultados de estudios como estos? ¿Hay alguna razón bíblica para oraciones no contestadas?

Salmos 66:18 dice: "Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado." Asimismo, 1 Juan 5:15 califica nuestra recepción de "lo que pedimos" con nuestra obediencia a los mandamientos de Dios. Santiago señala que "Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites." (4:3). Así, un par de razones para oraciones no contestadas es pecados inconfesos y motivaciones malas.

Otra razón para la oración no contestada es la falta de fe: "Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor." (Santiago 1:6-7). Hebreos 11:6 también identifica la fe como una condición necesaria para una relación con Dios, algo siempre mediado por la oración en nombre de Cristo: "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan." La fe, entonces, es necesaria para la oración contestada.

Finalmente, algunos críticos del Cristianismo argumentan que, puesto que Jesús instruye a sus discípulos a "pedir todo lo que quieras", todas las oraciones deben contestarse. Sin embargo, tales críticas ignoran completamente las condiciones de la promesa en la primera parte del versículo: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros..." Esto es claramente una receta para orar en la voluntad de Dios; en otras palabras, la oración genuina que Dios siempre contesta es, de hecho, esa clase que solicita, explícita o implícitamente, que la voluntad de Dios sea cumplida. La voluntad del peticionario es secundaria. Jesús oró así en Getsemaní (Lucas 22:42). La humilde plegaria de fe permite que la oración puede ser respondida con un "no"; alguien que no ofrece este tipo de oración — quien exige ser respondido — no tiene derecho a esperar una respuesta.

Otra razón de por qué tantos estudios reportan la ineficacia de la oración es que es imposible eliminar las variables asociadas con la condición espiritual de aquellos que oran (¿es el peticionario incluso un creyente?), la motivación para ofrecer la oración (¿es para aportar evidencia o porque el Espíritu Santo le ha movido a orar?), la forma en que ofrecen sus oraciones (¿está orando una expresión formulaica o intencionalmente llevando peticiones a Dios?), y así sucesivamente.

Aunque podrían eliminarse todas estas variables al acecho, quedaría un problema primordial: si la oración podría ser probada empíricamente y obligada a rendir resultados concluyentes, podría obviar la necesidad de fe. Nosotros no podemos "descubrir" a Dios a través de las observaciones empíricas; venimos a Él por fe. Dios no es tan torpe que Él debe revelarse a sí mismo en formas que no pretendía. "…es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay…" (que es, y que existe). La fe es el requisito previo y la prioridad.

¿Dios contesta la oración? Pregunte a cualquier creyente, y usted sabrá la respuesta. Cada vida transformada de cada creyente es evidencia de que Dios contesta las oraciones.

ORACION EFECTIVA






"¿Qué es la clave para la oración efectiva?"

   
Todo el mundo quiere que sus oraciones sean "eficaces", tanto así que cuando nos enfocamos en los "resultados" de nuestras oraciones, perdemos de vista el increíble privilegio que tenemos en la oración. Que gente como nosotros puede hablar con el Creador del Universo es en sí una cosa asombrosa. Aún más sorprendente es el hecho de que Él nos oye y actúa en nuestro favor. Lo primero que tenemos que entender acerca de la oración efectiva es que nuestro Señor y Salvador Jesucristo tuvo que sufrir y morir en la Cruz para hacerlo posible que nos acerquemos al trono de la gracia para adorar y orar (Hebreos 10:19-25).

Aunque la Biblia ofrece una gran cantidad de orientación sobre cómo nosotros podemos profundizar nuestra comunicación con el Creador, la oración efectiva tiene que ver más con el que hace las oraciones que el "cómo" orar. Es más, la Escritura dice: " La oración eficaz del justo puede mucho." (Santiago 5:16) y “los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones." (1 Pedro 3:12; Salmo 34: 15), y, una vez más, "la oración de los rectos es su gozo." (Proverbios 15:8). La oración salvó al justo Daniel de la guarida del león (Daniel 6:11), y en el desierto, el pueblo elegido de Dios benefició de la recta relación de Moisés con Dios (Éxodo 16 y 17). Las oraciones humildes e inmutables de la Ana infértil resultaron en el profeta Samuel (1 Samuel 1:20), y las oraciones del apóstol Pablo incluso hicieron temblar la tierra (Hechos 16:25-26). Claramente, las apasionadas oraciones de los justos hijos de Dios pueden lograr mucho (Números 11:2).

Tenemos que asegurarnos de que nuestras oraciones están en conformidad con la voluntad de Dios. “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye." (1 Juan 5:14-15). Orando en consonancia con la voluntad de Dios es esencialmente orando de acuerdo a lo que Él querría, y podemos ver la voluntad revelada de Dios a través de las Escrituras. Y si no sabemos para qué orar, Pablo nos recuerda que como hijos de Dios podemos depender del Espíritu Santo interceder por nosotros, como “el Espíritu… conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos" (Romanos 8:27). Y puesto que el Espíritu de Dios conoce la mente de Dios, la oración del Espíritu es siempre en consonancia con la voluntad del Padre.

Además, la oración es algo que los creyentes deben hacer "continuamente" (1 Tesalonicenses 5:17). En Lucas 18:1, por ejemplo, se nos dice que oremos con persistencia y " no desmayar". Además, cuando presentamos nuestras peticiones a Dios, debemos orar con fe (Santiago 1:5; Marcos 11:22-24), con acción de gracias (Filipenses 4:6), con un espíritu de perdón hacia los demás (Marcos 11:25), en nombre de Cristo (Juan 14:13-14) y como se ha dicho anteriormente, con un corazón recto delante de Dios (Santiago 5:16). Es la fuerza de nuestra fe, no la longitud de nuestras oraciones que le agrada a Quien oramos, así que no necesitamos impresionar a Dios con nuestra elocuencia o inteligencia. Después de todo, Dios sabe cuáles son nuestras necesidades incluso antes de que le pedimos (Mateo 6:8).

También, debemos asegurarnos de que no tenemos ningún pecado inconfeso en nuestros corazones cuando oramos, como sin duda sería un impedimento para la oración efectiva. “Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír."(Isaías 59:2; Salmo 66: 18). Afortunadamente, "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad." (1 Juan 1:9).

Otra barrera para la comunicación efectiva con Dios es orando con motivos equivocados y deseos egoístas. “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites." (Santiago 4:3). Rechazar el llamado de Dios o ignorar Su consejo (Proverbios 1:24-28), adorar a los ídolos (Jeremías 11:11-14) o hacerse de oídos sordos al grito de los pobres (Proverbios 21:13) sirven como obstáculos adicionales a una vida de oración efectiva.

La oración efectiva es una manera de fortalecer nuestra relación con nuestro Padre en el cielo. Cuando estudiamos y obedecemos Su Palabra y tratamos de complacerlo, el mismo Dios que hizo que el sol se detuviera por la oración de Josué (Josué 10:12-13) nos invita a venir audazmente ante el trono de la gracia y orar con la confianza de que Él extenderá Su misericordia y gracia para ayudarnos en nuestro tiempo de necesidad (Hebreos 4:16).

ORAR EN LENGUAS







Qué es orar en lenguas? ¿Es el orar en lenguas un lenguaje de oración entre Dios y el creyente?"

   
Como un antecedente, favor de leer nuestro artículo sobre “El don de hablar en lenguas.” Hay cuatro pasajes principales en la Escritura que se señalan como evidencia del orar en lenguas: Romanos 8:26; 1 Corintios 14:4-17; Efesios 6:18; y Judas 20. Efesios 6:18 y Judas verso 20 mencionan “orar en el Espíritu.” Sin embargo, las lenguas como lenguaje de oración no es una interpretación adecuada del “orar en el Espíritu.”

Romanos 8:26 nos enseña, “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues que hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Dos puntos clave hacen altamente improbable que Romanos 8:26 se refiera a las lenguas como un lenguaje de oración. (1) Romanos 8:26 dice que es el Espíritu quien “gime”, no los creyentes. (2) Romanos 8:26 establece que los gemidos del Espíritu “no pueden ser pronunciados.” La esencia misma de hablar en lenguas es la pronunciación de palabras.

Eso nos deja con 1 Corintios 14:4-17 y especialmente el verso 14, “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.” ¿Qué significa esto? Primero, es muy valioso estudiar el contexto. 1 Corintios capítulo 14 es primeramente una comparación / contraste del don de hablar en lenguas y del don de profecía. Los versos 2-5 aclaran que Pablo veía a la profecía como un don superior al de las lenguas. Al mismo tiempo, Pablo exclama el valor de las lenguas y declara que se alegra de hablar en lenguas más que todos los demás (verso 18).

Hechos capítulo 2 describe la primera aparición del don de lenguas. En el día de Pentecostés, los apóstoles hablaron en lenguas. Hechos capítulo 2 aclara que los apóstoles estaban hablando en lenguas humanas (Hechos 2:6-8). La palabra traducida “lenguas” tanto en Hechos capítulo 2 como en 1 Corintios capítulo 14 es “glossa” que significa “lenguaje.” Es la palabra de la que procede nuestra moderna palabra “glosario.” Hablar en lenguas era la habilidad de hablar en un idioma que no conocías, a fin de comunicar el Evangelio a alguien que hablara esa lengua. En la región multicultural de Corinto, parece que ese don de lenguas era especialmente valorado y prominente. Los creyentes en Corinto podían comunicar mejor el Evangelio y la Palabra de Dios como resultado del don de lenguas. Sin embargo, Pablo hace totalmente claro, que aún este uso de las lenguas, debía ser interpretado, es decir, “traducido” (1 Corintios 14:13, 27). Un creyente de Corinto hablaría en lenguas, ministrando la verdad de Dios a alguien que hablara ese idioma, y entonces ese creyente, u otro creyente en la iglesia, debía interpretar lo que se había hablado, para que toda la asamblea pudiera entender lo que se había dicho.

Entonces ¿qué es orar en lenguas, y cuál es la diferencia con hablar en lenguas? 1 Corintios 14:13-17 indica que el orar en lenguas también debe ser interpretado. Como resultado, parece que orar en lenguas era ofrecer una oración a Dios. Esta oración ministraría a alguien que hablara ese idioma, pero también necesitaría ser interpretado para que todo el cuerpo de Cristo pudiera ser edificado.

Esta interpretación no concuerda con aquellas que ven el orar en lenguas como un lenguaje de oración. Esta creencia alternativa puede ser resumida como sigue: el orar en lenguas es un lenguaje de oración personal entre el creyente y Dios (1 Corintios 13:1), que el creyente utiliza para edificarse a sí mismo (1 Corintios 14:4). Esta interpretación no es bíblica por las siguientes razones: (1) ¿De qué manera el orar en lenguas puede ser un lenguaje privado de oración, si éste debe ser interpretado (1 Corintios 14:13-17)? (2) ¿Cómo puede el orar en lenguas ser para auto-edificación cuando la Escritura dice que los dones espirituales son para la edificación de la iglesia, y no para uno mismo (1 Corintios 12:7)? (3) ¿Cómo puede ser el orar en lenguas un lenguaje privado de oración, si las lenguas son por “señal a los incrédulos” (1 Corintios 14:22)? (4) La Biblia aclara que no todos poseen el don de lenguas ( 1 Corintios 12:11, 28-30). ¿Cómo pueden ser las lenguas un don para auto-edificación si no lo poseen todos los creyentes? ¿No necesitamos todos ser edificados?

Hay una interpretación adicional sobre el orar en lenguas que necesita ser aclarada. Algunos entienden el orar en lenguas como un “código de lenguaje secreto” que evita que Satanás y sus demonios entiendan nuestras oraciones, y que por ello puedan aprovecharse de nosotros. Esta interpretación no es bíblica por las siguientes razones: (1) Consistentemente, el Nuevo Testamento describe las lenguas con un lenguaje humano. Es improbable que Satanás y sus demonios no sean capaces de entender los lenguajes humanos. (2) La Biblia registra a incontables creyentes orando en su propio lenguaje, en voz alta, sin preocuparse de que su oración pudiera ser interceptada por Satanás. Aún si Satanás y/o sus demonios escucharan y entendieran las oraciones que hacemos – carecen absolutamente del poder para evitar que Dios responda las oraciones de acuerdo a Su voluntad. Sabemos que Dios escucha nuestras oraciones, y ese hecho hace irrelevante el que Satanás o sus demonios las escuchen y entiendan.

Después de todo lo dicho, ¿qué hay de los muchos cristianos que han experimentado el orar en lenguas y lo han encontrado muy edificante para ellos mismos? Primero, debemos basar nuestra fe y práctica en las Escrituras, no en experiencias. Debemos ver nuestras experiencias a la luz de la Escritura, no interpretar la Escritura a la luz de nuestras experiencias. Segundo, muchos de los cultos y religiones del mundo, también reportan experiencias de hablar en lenguas / orar en lenguas. Obviamente el Espíritu Santo no concede estos dones a individuos no creyentes. Así que, parece que los demonios pueden imitar el don de hablar en lenguas. Esto debe conducirnos a comparar aún más cuidadosamente nuestras experiencias con la Escritura. Tercero, muchos estudios han mostrado cómo el hablar / orar en lenguas puede ser un comportamiento aprendido. A través del escuchar y observar a otros hablar en lenguas, una persona puede aprender el procedimiento, aún inconscientemente. Esta es la explicación más probable para la gran mayoría de los casos, entre los cristianos que hablan / oran en lenguas. Cuarto, el sentimiento de “auto-edificación” es natural. El cuerpo humano produce adrenalina y endorfina cuando experimenta algo nuevo, excitante, emocionante inducido, y/o desconectado del pensamiento racional.

El orar en lenguas es definitivamente una cuestión sobre la que los cristianos pueden respetuosa y amorosamente acordar o discrepar. Orar en lenguas no es lo que determina la salvación. Orar en lenguas no es lo que separa a los cristianos maduros de los inmaduros. El que el orar en lenguas sea un lenguaje de oración, no es algo fundamental para la fe cristiana. Así que, mientras creamos que la interpretación bíblica de la oración en lenguas nos aleje de la idea de un lenguaje privado de oración para la edificación personal – también reconocemos que muchos de los que lo practican, son nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y dignos de nuestro amor y respeto.

ORAR Y CAMINAR







"¿Qué es orar caminando? ¿Es bíblico seguir una oración caminando?"

   
El orar caminando es la práctica de la oración en un lugar determinado, un tipo de oración intercesora, que implica el caminar hacia o cerca de un lugar en particular mientras se ora. Algunas personas creen que el estar cerca de un lugar, les permite “orar de cerca para orar con más claridad.” Las oraciones caminando son hechas por individuos, grupos o aún por la iglesia entera. Estas pueden ser tan cortas como una cuadra o tan largas como varios kilómetros. La idea es usar los cinco sentidos –vista, oído, olfato, gusto y tacto— para incrementar el entendimiento del intercesor por las necesidades que se oran.

Por ejemplo, si tú caminas a través de tu vecindario buscando cosas por las cuales orar, podrías atravesar un patio que esté desaseado y descuidado. Esto podría inspirarte para orar por la salud, tanto física como espiritual, de los que viven ahí. Algunos grupos de oración, caminan alrededor de las escuelas, impulsándolos a orar por los maestros y los estudiantes que albergan, por su seguridad y paz, y para que las maquinaciones del diablo sean frustradas en esas escuelas. Algunas personas sienten que pueden concentrarse y dirigir sus oraciones más efectivamente, mientras caminan cerca de gente y lugares por los que oran.

El orar caminando es un fenómeno relativamente nuevo, cuyo origen no es claro. No hay un modelo bíblico para la oración caminando, aunque, siendo que la caminata era el modo de transporte en los tiempos bíblicos, es claro que la gente debe haber caminado y orado al mismo tiempo. Sin embargo, no hay un mandato directo, de que esto sea algo que debamos hacer. No es bíblico creer que las oraciones ofrecidas en algún lugar, o mientras se encuentra en alguna posición, sean más efectivas que aquellas ofrecidas en otro tiempo y de otra manera. Además, mientras que podemos sentir que necesitamos estar más cerca del lugar o situación para orar más claramente, nuestro Padre Celestial, quien está en todas partes todo el tiempo, conoce exactamente qué necesidades están presentes, y responderá a ellas en Su propia manera y en Su tiempo. El hecho de que Él nos permita ser parte de Sus planes, a través de nuestras oraciones, es para nuestro beneficio, y no el Suyo.

Nos ha sido ordenado, “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17) y Dios escucha todas las oraciones ofrecidas por aquellos que permanecen en Cristo (Juan 15:7), sin importar el tiempo, el lugar o la postura. Al mismo tiempo, ciertamente no hay algún mandato contra el orar caminando, y cualquier cosa que nos cause o nos impulse a orar, es válida.

AL HIJO O AL ESPIRITU SANTO






"¿A Quién debemos orar; al Padre, al Hijo, o al Espíritu Santo?"

   
Toda oración debe ser dirigida a nuestro trino Dios––Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Biblia enseña que podemos orarle a uno o a los tres, porque los tres son Uno. Oramos al Padre con el salmista, “Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a Ti oraré.” (Salmos 5:2). Al Señor Jesucristo, oramos como al Padre, porque ellos son iguales. El orar a un miembro de la Trinidad, es orarles a todos. Esteban, mientras era martirizado, oraba, “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hechos 7:59). También oramos en el nombre de Cristo. Pablo exhortaba a los creyentes efesios a darle “…gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” (Efesios 5:20). Jesús les aseguró a Sus discípulos que cualquier cosa que pidieran en Su nombre –significando en Su voluntad– les sería concedida (Juan 15:16; 16:23). Similarmente, se nos dice que oremos al Espíritu Santo y en Su poder. Pablo pide al Espíritu que una los corazones de los corintios creyentes (2 Corintios 13:14). Adicionalmente el Espíritu nos ayuda a orar, cuando no sabemos cómo o qué pedir (Romanos 8:26; Judas 1:20). Tal vez la mejor manera de entender el papel de la Trinidad en la oración es que oramos al Padre, a través del Hijo, por el poder del Espíritu Santo. Los Tres son Participantes activos en la oración del creyente.

Igualmente importante es saber a quién no debemos orar. Algunas religiones no cristianas animan a sus miembros a orar a un panteón de dioses, familiares muertos, santos, y espíritus. Los católicos romanos son enseñados a orar a María y a varios santos, tales como Pedro. Tales oraciones no son bíblicas, y son de hecho, un insulto a nuestro Padre celestial y en contra de Su expresa voluntad. Para entender el por qué, sólo tenemos que ver la naturaleza de la oración. La oración tiene varios elementos y si miramos sólo a dos de ellos –alabanza y acción de gracias– podemos decir que esa oración es, en su esencia misma, adoración. Cuando alabamos a Dios, estamos adorándolo por Sus atributos y Su obra en nuestras vidas y en el mundo. Cuando ofrecemos oraciones y acciones de gracias, estamos adorando Su bondad, misericordia, y amoroso cuidado de nosotros. La adoración da gloria a Dios, el Único que merece ser glorificado. El problema con la oración a cualquier otro que no sea Dios, es que Él es un Dios celoso y ha declarado que Él no compartirá Su gloria con nadie. De hecho, el hacerlo resulta ser nada menos que idolatría. “Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.” (Isaías 42:8).

Otros elementos que están en la oración —tales como el arrepentimiento, confesión y petición– también son formas de adoración. Nos arrepentimos sabiendo que Dios es un Dios amoroso y perdonador, que Él ha provisto un medio de perdón en el sacrificio de Su Hijo en la cruz. Confesamos nuestros pecados, porque sabemos que “Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9) y lo adoramos por ello. Venimos a Él con nuestras peticiones e intercesiones, porque sabemos que Él nos ama y nos escucha, y lo adoramos por Su misericordia y bondad al estar dispuesto a escuchar y responder. Cuando consideramos todo esto, es fácil ver que el orar a alguien más que no sea al Dios trino, es impensable, porque la oración es una forma de adoración, y la adoración es reservada para Dios y Dios solamente.