sábado, 20 de mayo de 2017

LA FE Y LA SEGURIDAD



la en cristo

  nuestro estudio de la Epístola a los  . Colosenses 2:13, capítulo 3, versículo 4. Estamos estudiando esta epístola y yendo parte por parte, tiene unas enseñanzas preciosas acerca de la persona de Jesús y la centralidad de Jesucristo, y este pasaje que vamos a estudiar hoy continúa con ese enfoque Cristo céntrico que le da Pablo a esta epístola dice Colosenses 2:13,
“… Y a vosotros estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne os dio vida juntamente con él perdonándoos todos los pecados, anulando el acto de los decretos que había contra nosotros que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz. Y despojando a los principados y a las potestades los exhibió públicamente triunfando sobre ellos en la cruz. Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida o en cuanto a días de fiestas, luna nueva, o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir.
Pero el cuerpo que es de Cristo nadie os prive de vuestro premio afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal y no haciéndose de la cabeza en virtud de quien todo el cuerpo nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos que crece con el crecimiento que da Dios. Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, por qué como si vivieres en el mundo os sometéis a preceptos tales como no manejes ni gustes ni aún toques, en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres, cosas que todas se destruyen con el uso.
Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne. Si pues, habéis resucitado con Cristo buscad las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba no en las de la tierra porque habéis muerto y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste entonces vosotros también seréis manifestados como él en gloria…”
Hermanos, yo estoy pensando a través de este pasaje en lo que constituye la verdadera santidad según Pablo lo expresa aquí. Lo que constituye una verdadera espiritualidad, la santidad verdadera, en qué consiste. Y yo voy a tratar de justificar por qué yo extraigo ese pensamiento de este pasaje que acabamos de estudiar.
Hablamos acerca de cómo Pablo nos recuerda la importancia de no apartar la mirada nunca de Jesucristo. Jesucristo es el centro, Jesucristo es el fundamento de nuestra vida espiritual. Pablo nos advierte que tengamos cuidado con doctrinas falsas, con doctrinas de hombres que suenan muy sofisticadas, prometen mucho y sin embargo cuando las comparamos con lo que Cristo ofrece se quedan muy cortas. Pablo nos advierte que nos quedemos establecidos en lo que hemos creído, en lo que hemos recibido, nos quedemos firmes en el fundamento de nuestra fe.
Pablo les habla a los colosenses y les dice, ustedes están bien, yo me gozo viéndoles en el espíritu en la firmeza de su compromiso con el Señor, en el amor que hay entre ustedes y la unidad que hay entre ustedes, en el conocimiento que ustedes están teniendo y creciendo en el conocimiento de Cristo Jesús, y por lo tanto no se dejen desviar de eso con aquellos que vienen a enseñar cosas que apartan la mente de Jesucristo que es el centro de todo lo demás. Pablo les suplica que estén arraigados, dice, y sobreedificados en Jesucristo, que estén confirmados en la fe y que no se muevan de esa manera en que han recibido al Señor.
Y hablábamos de la importancia de la constancia en la vida cristiana, de no estar sujetos a cualquier viento de doctrina, de no estar saltando de doctrina en doctrina, de iglesia en iglesia, de hombre en hombre, como queriendo buscar en las cosas del mundo lo que solo Cristo puede dar.
Yo conversaba con una hermana esta semana y ella me decía, el pensamiento que a mí que quedó grabado de ese sermón, lo único que yo… dice, que yo verdaderamente pude retener fue que ninguna iglesia es perfecta. Y amen, ese es un buen pensamiento que recordar. Ninguna iglesia es perfecta, ningún pastor es perfecto, ninguna colección de hombres, ninguna colectividad de seres humanos es perfecta. Nuestra mirada tiene que estar en Cristo Jesús, nuestro fundamento tiene que ser Jesucristo. Todo lo demás es secundario y la persona que ha tenido un verdadero encuentro y ha fundamentado su vida en Jesucristo no va a ser movida fácilmente, sí podrá visitar iglesias, sí podrá poner un programa de televisión y escuchar a un predicador, sí podrá leer diferentes libros y como dice la palabra, lo examinará todo y retendrá lo bueno pero la espina dorsal de su espiritualidad será Jesucristo revelado a través de la palabra.
Y el cristiano se alimenta directamente de esa palabra y no es movido muy fácilmente. Examina las cosas con mucho cuidado. Hay un llamado allí de parte de Pablo de poner la mirada sobre esa sana doctrina, como dice el Apóstol Santiago, y sobre esa sabiduría que viene de lo alto. Santiago habla de la sabiduría que es verdadera sabiduría espiritual, y él dice, “…porque la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía…”
Muy diferente a esa sabiduría compleja y frondosa que promete mucho pero que no da lo suficiente. Así que es una advertencia a poner en Cristo en el primer lugar. Y entonces Pablo ahora continúa en su meditación y Pablo entra en más detalles y comienza a elaborar un poco más acerca de esa falsa doctrina que está molestando a los colosenses, que los está perturbando y los está apartando de esa sana espiritualidad que ellos están siguiendo y de la cual no deben apartarse.
Aquí en estos versículos que hemos leído, Pablo explica por qué no deben dejarse mover fácilmente de lo que ellos ya tienen y de lo que han recibido. Pablo contrasta lo que Cristo ha hecho en la cruz, la obra que Cristo ha completado, las diferentes cosas que Cristo ha hecho por los colosenses y por todo creyente, cosas maravillosas, cosas muy reales, cosas muy profundas, con lo que esa falsa doctrina promete, que es más bien una sombra, es un espejismo, es una ficción, es algo que hipnotiza por un momento pero cuando nos acercamos y lo tratamos de tocar descubrimos que promete mucho pero cumple muy poco, comparado con la obra sólida y muy consistente que Cristo ha logrado.
Miren la primera parte, Pablo primero dice lo que Cristo ha hecho y lo que Cristo ha logrado por nosotros. En el versículo 10 él dice, “… ustedes están completos en él…”, vamos un poquito hacia atrás, ustedes están completos en él, es decir, ustedes poseen ya todos los atributos de la perfección y de Dios a través de la persona de Jesucristo, porque él los tiene, en él habita corporalmente en la plenitud de la deidad, y ustedes tienen acceso a ello.
Sabía usted que por medio de la morada de Cristo en su vida usted tiene acceso a todas las bendiciones y todo el poder de Jesucristo? Por eso Cristo dijo en Mateo 28, “…toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra, por tanto id y predicad el Evangelio…”, queriendo decir como yo lo tengo, ustedes también lo tienen, ahora láncense a cumplir lo que yo les mando. Es decir, ustedes están completos en Cristo.
En segundo lugar Pablo habla en el versículo 11 de la transformación que se ha dado, la transformación espiritual. Cristo nos ha libertado de la esclavitud del pecado, dice que fuimos circuncidados con circuncisión no hecha a mano. Cristo echó de nosotros el cuerpo pecaminoso carnal, eso no quiere decir que fuimos hechos perfectos, sino que esa esclavitud bajo la cual vivíamos, sin Cristo, al pecado y a la vieja naturaleza, ahora ha sido cortada y Dios nos ha dado una nueva naturaleza por medio de su espíritu y ya la esclavitud del pecado ha sido quebrada en nosotros.
Además de eso dice el versículo 13, nos dio vida, y ahí entramos en la lectura de hoy. Dice, cuando estábamos muertos en pecados, cuando estábamos metidos en nuestra naturaleza caída, Cristo vino y nos dio vida juntamente con él. Nos revivió, nos resucitó a una vida nueva, nos perdonó nuestros pecados por medio de su muerte en la cruz.
Y además Pablo dice en el versículo 14 que “….Cristo anuló el acta de los decretos que había contra nosotros….” Qué quiere decir eso? Antes de Cristo todo ser humano, yo lo pongo de esta manera, tenía una orden de arresto en su contra, había una orden de arresto, un arrest warrant, un warrant for your arrest. Legalmente todo hombre, toda mujer estaba bajo el juicio de Dios y había una orden de muerte, había un documento por allí que tenía nuestros pecados escritos y esos pecados estaban siendo tabulados y estaban siendo anotados. Y lo que Cristo hizo por medio de su muerte fue tomar ese documento que estaba en el fichero divino con nuestro nombre allí, y quitó esa orden de arresto, la sacó de en medio como dice Pablo, y saben lo que hizo? La clavó en la cruz. Una imagen tremendamente poderosa la que Pablo usa.
Qué quiso decir Pablo con eso? Él se estaba refiriendo a lo que pasaba en aquellos tiempos cuando una persona era crucificada, qué se hacía en la parte de arriba, en la parte superior de la cruz? Se pegaba el documento por qué esa persona estaba siendo crucificada, para que todo el que pasara por allí, a este lo estamos crucificando por ladrón, o por asesino, o por revolucionario contra Roma.
Ustedes recordarán en los Evangelios que a Cristo le pusieron este es el rey de los judíos, por eso lo estaban crucificando, porque supuestamente estaba poniéndose por encima del César. Era sedicioso. Y entonces lo que dice Pablo es que Cristo, allí en la cruz, él pegó todas esas órdenes de arresto que había en nuestra contra, de toda la humanidad, él la llevó en la cruz, y ya él se echó sobre sí mismo la muerte y la condena que nosotros nos merecíamos y él allí anuló todo eso. Entonces ya ahora, al nosotros por fe creer que eso fue una realidad y apropiarnos nosotros de ese acto de Jesucristo, ya podemos tener entonces paz con Dios y nuestro record criminal, por así decirlo, queda limpio ante los ojos de Dios.
Y finalmente hay otra dimensión espiritual que Pablo entra en considerar en el versículo 15 dice, “… despojando los principados y a las potestades los exhibió públicamente triunfando sobre ellos en la cruz….” Quiénes son esos principados y esas potestades? Las fuerzas del infierno, los poderes demoníacos que son poderes que tienen autoridad sobre la tierra, que tienen influencia y que gobiernan gobiernos e instituciones humanas y sistemas culturales e intelectuales. Y esos poderes demoníacos que usan todas esas maquinarias y esos mecanismos para esclavizar a la humanidad y para mantenerla cautiva, Cristo por medio de su obra en la cruz, y por medio de su vida, por medio de su muerte, dice que despojó, esa es una palabra muy importante porque es la idea de que saqueó como un ejército que entra a una ciudad y la saquea y le roba su riqueza. Cristo por medio de su muerte saqueó el reino del infierno. Y qué fue lo que le arrebató, de qué despojó Cristo a Satanás? De nuestras almas, el control de nuestra vida. Cristo le quitó a Satanás el poder sobre nosotros.
Por eso es que ustedes recordarán cuando estudiamos el versículo 13 del capítulo 1, dice que Cristo nos ha librado de la potestad de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo. Cuando Pablo dice que Cristo despojó a los principados y a las potestades, le quitó la propiedad de la raza humana. Ya Satanás no es inevitablemente el rey de este mundo a menos que nosotros no lo queramos y no lo dejemos. Nadie tiene que vivir ahora bajo la potestad de Satanás porque ya Cristo legalmente le arrebató su potestad, saqueó al infierno, y ahora por medio de una relación vital con Cristo ya no nuestra vida está fuera del control de Satanás y está bajo el control de Jesucristo. Despojó a los principados y a las potestades.
Dice también, “…los exhibió públicamente….” Una referencia a cuando un general romano (mostraba) un triunfo, cuando un general romano iba a un país extranjero y a una guerra, y derrotaba al enemigo se le permitía como una celebración pública cuando regresaba con su ejército desfilar por la calle principal de Roma trayendo encadenados a los oficiales y los soldados que habían sido derrotados y los exhibía públicamente y todo el pueblo romano se agolpaba alrededor de las calles dándole victoria al ganador. Y era una vergüenza para los derrotados ser arrastrados en cadenas, esos oficiales y esos generales del ejército derrotado. Y eso es lo que Pablo usa aquí, esa imagen dice, “… los exhibió públicamente pues rotunda la victoria de Cristo en la cruz del calvario contra Satanás, y triunfó sobre ellos allí en la cruz…”
Y yo pensaba en la ironía de que la cruz que era un símbolo de vergüenza, de derrota, tal que ningún ciudadano romano podía ser crucificado porque era una vergüenza indirecta para Roma, que en esa cruz vergonzosa en realidad quien fue avergonzado no fue Jesucristo sino Satanás y los poderes del infierno. La vergüenza fue para Satanás. Esa cruz y esa muerte allí en la cruz fue una forma de Cristo exhibir públicamente la derrota del infierno. Un maravilloso pensamiento.
Todo eso lo alcanzó Cristo en la cruz, todo eso lo alcanzó Cristo por medio de su vida y entonces Pablo hace esa lista de cosas, él es como un abogado que está construyendo su argumento para los colosenses. Y entonces Pablo dice, miren colosenses, y nos dice a nosotros, miren iglesia, miren todo lo que Cristo ha alcanzado, les ha dado vida, les ha perdonado sus pecados, les ha quitado la acusación que había en su contra, delante de Dios, les ha librado de la ira de Dios, ha despojado a los principados y a las potestades y ha quitado el control de Satanás de sus vidas, ha derrotado para siempre los poderes del infierno. Y entonces a la luz de todo eso ustedes no pueden dejar a Cristo e irse detrás de doctrinas de hombres. Ese es el argumento, por eso es que en el versículo 16 ahí está la culminación y dice;
“… por tanto…”, por qué por tanto? A la luz de todo lo que yo acabo de decir, “… por tanto nadie les juzgue…”, y esa es una palabra muy clave, nadie les juzgue, juzgar, “… en comida o en bebida o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo…”
Por qué la palabra juzgar es importante aquí? Porque ya nosotros hemos sido libertados del juicio, ya Cristo tumbó todo eso que estaba en nuestra contra, ahora en Jesucristo ya no hay condenación y entonces ustedes no pueden someterse ahora otra vez a un juicio de una religión legalista, usted ve? Pablo les está diciendo, no nos dejemos juzgar por una religión condenatoria, por una religión legalista, volviendo a la esclavitud espiritual de la cual ustedes fueron librados.
Yo pensaba en lo que dice la epístola a los gálatas donde usted puede leerla y encontrará todavía mucho más trasfondo para todo esto. Pablo está hablando con los gálatas que se han dejado también, esta congregación en Galacia, se han dejado engañar y confundir por gente que venía a predicarles una religión así judaísta, legalista y querían meter otra vez a esos cristianos a la ley y a los requisitos de la ley. Y Pablo les dispara una carta para corregir ese error, y en el versículo 8 del capítulo 4, dice:
“… En otro tiempo ustedes no conocían a Dios y servían a los que por naturaleza, por definición no son dioses. Dice, pero ahora conociendo a Dios por medio de Cristo, o más bien, siendo conocidos por Dios, porque nunca podremos conocer a Dios plenamente, cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos a los cuales os queréis volver a esclavizar. Cómo es que ustedes pueden dejar esa religión muerta y experimentar la realidad de Dios en su vida, cómo es que van a volver otra vez a una religión legalista? Ahora entonces vuelven, dice el versículo 10, a guardar los días, los meses, los tiempos y los años, me temo de vosotros que haya trabajado en vano, que yo haya predicado un Evangelio de liberación y de gozo en Jesucristo y que lo he hecho en vano porque aquí están ustedes otra vez volviéndose a meter a la cadena de una religión legalista. Y entonces Pablo dice, por tanto no se dejen juzgar en una religión ritualista. Eso es lo primero, no se dejen juzgar.
En segundo él dice, no caigan otra vez en ese ritualismo de fechas, de comidas, de bebidas porque eso no se compara con la obra real, la obra interior que Cristo ha hecho en los corazones de ustedes porque nada de esa religión que eran esas doctrinas que estaban comenzando a penetrar allí en Colosas, ninguna de esas cosas dice Pablo, logran todo eso que yo acabo de enumerarles a ustedes que Cristo logra.
Pablo les dice, cuidado con entremeterse, ahí está en el versículo 18, nadie os prive de vuestro premio, otra palabra clave, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal.
Cuidado con entremeterse a bregar con seres menores porque el premio de ustedes es Cristo Jesús. Cuidado con ustedes perder ese premio tan grande que ustedes han recibido en la persona de Jesucristo porque el Evangelio, el centro del Evangelio es la persona de Jesús y si ustedes se ponen a bregar con esos semi dioses y esos ángeles, porque esa doctrina, esa herejía colosense como se ha llamado a esa doctrina que estaba circulando en ese tiempo, y lo que es el gnosticismo que fue una doctrina que amenazó muy fuertemente al cristianismo en los primeros siglos de la era cristiana, hablaba de, como yo les he dicho antes de esos seres intermedios que habían entre el dios todopoderoso y la raza humana, y los gnósticos predicaban que había que apaciguar y que había que ponerse en contacto con esos dioses que estaban entre el cielo y la tierra, y que había que meterse con ellos, y que entonces esa doctrina y esa enseñanza que daba el gnosticismo podía guiar a la gente a otras esfera superiores hasta que pudieran llegar a donde estaba Dios. Presentaba intermediarios y entonces parece que había un culto a ángeles y seres que tenían algo del judaísmo pero que también había allí una mezcla parece de ocultismo, como la Nueva Era, por ejemplo, que tenemos hoy en día, muy parecido a este tipo de cosas.
Y yo pensaba, hermanos, acerca de, y digo esto con mucho respeto y con una sana discrepancia a la vez que yo expreso mis respetos por la religión católica, pero yo creo que Pablo hoy en día, si mirara a veces el culto que le tienen muchos hermanos católicos en su sano deseo de agradar a Dios, para los santos y para María, y a veces hasta los ángeles, el Arcángel Miguel por ejemplo, y otros ángeles.
Yo me pregunto si no hay un parecido en esto, como esa necesidad que tiene el ser humano de siempre encontrar seres intermedios que los lleven delante de Dios, como que no nos sentimos lo suficientemente merecedores nosotros para ir directamente al Padre, o pensamos que quizás Dios está demasiado ocupado y tiene demasiados casos allá que está bregando, y entonces necesita que Cristo, María o San Miguel o quien sea le ayude en la administración de la tierra. Y entonces como que vamos a esos seres intermedios a usarlos como palanca para que nos lleven ante Dios. Y yo creo que Pablo diría, por qué se van ustedes a dejar privar del premio mayor que ustedes tienen que es acceso directamente a la persona de Cristo y por él directamente al Padre.
Como dicen en Hebreos, “….teniendo acceso al trono de la gracia acerquémonos confiadamente…” Usted entiende? Es decir, la idea es, por qué dejarnos engatusar, una expresión que no es muy cervantina, pero por qué dejarnos confundir metiéndonos en seres intermedios si ya Cristo ha abierto un camino totalmente despejado para ir directamente al trono de la gracia. No nos metamos con esas cosas, y usted sabe, hermano, la santería se vuelve un sistema extremadamente complejo. Hay santos que se especializan en el trueno, y otros santos en la lluvia, y otros en las cosechas, y hay santos que se especializan en una enfermedad específica, etc. y se vuelve en una especio de sistema bien complejo. Y eso es también una especie de vanidad mental en la cual se mete la gente a proyectar cosas y a inventar cosas y se crea un sistema bien elaborado y el diablo le ha sacado provecho a eso, pero mire, con creces, con el espiritismo y tantas otras cosas que sabemos.
Porque no tienen la protección del espíritu de Dios aunque nacen de una espiritualidad sana, porque estos hermanos quieren verdaderamente agradar a Dios por medio de su espiritualidad, pero lo están haciendo en una forma indebida. Y yo creo que la palabra de Dios les aconsejaría a no dejarse engañar de esa manera.
Y Pablo les haba de nuevo, “… si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo por qué como si vivieses en el mundo, versículo 20, os sometéis preceptos tales como no manejes, ni gustes, ni aún toques…”
Lo que es el ascetismo, en los primeros siglos de la iglesia, después de un tiempo como que la iglesia fue decayendo un poco en su vitalidad y entró el ascetismo. La gente se iba a las cuevas a buscar de Dios en una forma más completa y yo creo mucho, de hecho en la consagración y no estoy totalmente añorando eso, pero como que se convirtió en una neurosis casi, como en algo compulsivo y llegó a tener casi como vida propia. Hubo hombres que pasaron toda su vida subidos sobre una columna altísima viviendo allí en un pedacito de tierra como para multiplicar la carne. Y se llegó a unos extremos de que, de ahí es que vino entonces el culto a la virgen María, porque el sexo era malo, y María si era pura y era la madre de Dios no pudo haber sido madre de otros hijos, porque hay un rechazo como de la sexualidad implícito en esto. Y de ahí también viene quizás la creencia de que para uno ser verdaderamente consagrado pues tenía que estar en el celibato también.
Yo creo que había esta tendencia, era una compulsividad de no tocar las cosas que podrían dañar, no hacerle daño a la voluntad de Dios, no ofender a Dios, y se convirtió entonces, amenazaba con convertirse en una religión otra vez legalista y temerosa, viendo al diablo por dondequiera, y viendo peligros por dondequiera.
Por qué se meten, dice, en esa cuestión de no manejar, ni gustar, porque todas esas cosas se destruyen con el uso. Es lo que dijo Jesucristo, lo que usted se come, dice, perdonando la expresión, se va a la letrina, dice, es lo que sale del corazón del hombre. Eso es lo que envenena a la gente. Cristo también tuvo una sana visión de lo que era la verdadera espiritualidad.
Yo siempre respeto al Señor más y más porque veo esa forma tan sencilla, tan clara, tan simple de él ver la vida espiritual. Él no nos estaba llamando a una espiritualidad neurótica y temerosa, sino una espiritualidad sana.
Pablo dice, “….. todo es sombra de lo que ha de venir pero el cuerpo es de Cristo….” Qué quiere decir eso? Que esos ritos y esos valores de hombre son simplemente proyecciones indirectas, son símbolos, son representaciones, son sombras. Ahora, el cuerpo que arroja la sombra a lo sólido, lo verdaderamente real es Cristo Jesús. Y todas esas cosas son simplemente símbolos de la verdadera espiritualidad.
Como nos habla Hebreos, el tabernáculo era un símbolo, el lugar santo, el lugar santísimo. Los sacrificios eran símbolos de lo que había de venir, de Cristo que era el sacrificio perfecto. Todas estas cosas, la circuncisión era un símbolo de algo, ahora Cristo la hizo real en nuestros corazones. La circuncisión antes en el judaísmo era algo físico, pero ahora dice, Cristo lo ha hecho realidad.
Como decía creo que Ezequiel, voy a circuncidar los corazones y por eso es que Pablo habla de la circuncisión que Cristo ha hecho en nosotros. Cristo hizo lo verdadero, no se dejen ustedes engañar entonces con todo este sistema de símbolos y de cosas que son simplemente proyecciones indirectas.
Entonces cómo podemos nosotros aplicar todo esto a nuestra vida como iglesia? Yo quiero aquí ya finalizar con un par de ideas. Qué nos dice todo esto que Pablo está hablando a nosotros en el siglo XX? Yo diría lo primero hermanos, voy a hacer una afirmación como sigue: el logro primordial de Cristo a favor nuestro con su vida, su muerte y su resurrección, yo diría que es la libertad. Cristo alcanzó libertad para nosotros, alcanzó libertad del pecado para nosotros, libertad de la muerte, libertad de Satanás como hemos visto, libertad de culpa que sentíamos, libertad de la ira de Dios, libertad del yugo de la ley, de todas esas cosas Cristo nos libertó. Cristo alcanzó una liberación para toda la humanidad por medio de su persona.
Y esa palabra libertad es muy importante que nosotros la recordemos. Nuestra vida como individuos cristianos y como iglesia tiene que reflejar ese valor, esa libertad que Cristo ha alcanzado para nosotros. Y yo quiero elaborar un poquito ese pensamiento.
En Gálatas 5, versículo 1 Pablo dice: “…. Estad pues firmes en la libertad, en el versículo 3 dice, porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados solamente que no uséis, aquí hay una advertencia, que uséis la libertad como ocasión para la carne sino servíos por amor los unos a los otros….”
Pero hay un énfasis sobre la libertad. Y yo creo hermanos que nuestra vida cristiana, digo otra vez como individuos y como iglesia, y yo creo el ambiente mismo de nuestra vida familiar, debe proyectar esa libertad, esa liviandad de espíritu de aquel que se siente confiado ante su padre, que se siente aprobado por su padre, que se siente amado por su padre. Y yo pensaba en la diferencia que hay entre un niño que ha crecido en un hogar con amor, con afirmación, con aceptación, con aprobación de lo que él es, o ella es, que crece con una sana imagen de sí mismo, con una auto imagen adecuada, y pensemos en ese niño que ha crecido en ese hogar de libertad y de aceptación a la vez que disciplina sabia, pero comparémoslo con un niño que ha crecido en un ambiente represivo y condenatorio y que promueve la formación de actitudes neuróticas, donde todo es malo, donde no se le aprueba lo que él es, donde no se la espacio para desarrollar su individualidad.
Yo estoy seguro que si comparamos esos dos niños en su comportamiento social, claramente sabremos cuál es cuál. Porque el niño que ha crecido con aprobación será un niño vital, será a veces atrevido inclusive en su forma de comportarse porque estará explorando y estará buscando opciones y desarrollando destrezas, y tiene confianza y se acerca a las personas, y deja que las personas se acerquen a él o a ella. Pero el niño que ha crecido bajo una severa condenación, y bajo un ambiente represivo será tímido, y estará cuidándose de no hacer nada que moleste a la gente o lo que sea, porque los niños en su natural comportamiento son despejados en su forma de comportarse. Pero el niño que ha crecido reprimido crece en una forma temerosa y espera juicio y espera condenación de los demás.
Y yo someto eso para nuestra consideración porque algo así también debe ser nuestra espiritualidad como iglesia y como individuos. Hay iglesias y hay individuos que puede ser como el niño que ha vivido reprimido o como el niño que ha crecido bajo una sana disciplina. Y yo creo que nosotros tenemos que tener cuidado como iglesia y como individuos de llegar a ser legalistas y condenatorios de nuestra espiritualidad, porque Cristo nos ha hecho libres, Cristo ha tumbado ese muro de condenación que había sobre nosotros. No podemos estar viendo pecado por donde quiera ni debemos estar excesivamente preocupados por el pecado, afectando una santidad superficial y artificial y en última instancia neurótica. Yo le tengo miedo, a veces que nuestro deseo, muchas veces de ser santos y de agradar a Dios hay una raya muy fina entre una santidad que es linda y que reboza vitalidad y gozo, y vida, y luz, y una santidad que es más bien basada en el temor y en la represión, y en el juicio.
Y Pablo está llamando aquí a los colosense diciéndoles, hey, miren la vida a la cual Cristo les ha llamado es una vida de libertad, es una vida espontánea, es una espiritualidad que reboza alegría y celebración por lo que Cristo ha hecho. Tiene que haber ese balance en nuestra vida. Yo no estoy llamando hermanos, a libertinaje como Pablo advierte en Gálatas 1:13, evidentemente ustedes saben que yo predico muchas veces, pero así como predico acerca de la santidad también trato de trazar líneas claras en qué es verdaderamente lo que constituye santidad. Y hoy yo quiero poner el énfasis sobre el espacio que tenemos que darnos en esa búsqueda de la santidad.
Yo les hablé una vez acerca del espacio y la importancia de que haya espacio en nuestro trato con nuestros hijos y en nuestro desarrollo espiritual. Y yo creo que tiene que haber espacio en la vida espiritual también en la búsqueda de la santidad para que haya libertad y haya vida, y haya gozo. La persona verdaderamente santa se sabe reír de sí misma, no se toma demasiado en serio, a veces nos tomamos tan en serio nuestra santidad que aburrimos a toda la gente alrededor de nosotros. Y la gente nos tiene miedo, tiene miedo de ser honestos con nosotros, tiene miedo de confiarnos una debilidad o un temor porque se sentirán juzgados y dirán, cómo puedo yo acercarme a esa mole de persona? Va a pensar que yo soy un impío si yo le confieso un pensamiento o una caída o una debilidad, o un temor.
Y yo creo que la persona verdaderamente espiritual y verdaderamente santa es una persona que no se toma demasiado en serio, usted entiende? Que coge todo con un grano de sal, porque sabe que es por la gracia de Dios que somos salvos y no por nada que nosotros hayamos hecho y que solo por la misericordia de Dios, como dice de hecho en Gálatas mismo, dice, hijitos míos, si alguno de vosotros hubiere pecado, vosotros que sois espirituales, dice, restauradle con espíritu de mansedumbre mirándote a ti mismo, no sea que tu cometas los mismo que estás juzgando a los demás. Y esa expresión que muchas veces se usa en inglés, allí solo por la gracia de Dios no he caído yo. Y eso es lo que tenemos que tener cuidado, hermanos, siempre.
Y nuestra vida espiritual debe reflejar ese sentido de la gracia de Dios. La persona verdaderamente espiritual, yo creo, es capaz de conversar con un inconverso y hablar en una forma sana y ese inconverso no siente como que está ante un gigante espiritual, no se siente nervioso y tímida. No, es una persona desprendida, es una persona sana que sabe reírse, que sabe hacer un chiste y que sabe gozar de la vida dentro del marco que Dios ha establecido. Y es una persona que yo creo, que resulta atractiva por su espíritu espontáneo y por su confianza en la gracia del Señor.
Lo contrario es esa santidad artificial, simplemente un vestido que nos ponemos por encima. Es una santidad represiva que no deja espacio para respirar, para crecer, para cometer errores, que se escandaliza fácilmente, que vive un continuo temor de ofender a Dios en vez de vivir en un continuo deseo de agradar a Dios. Usted ve la diferencia? Uno es un empujón que nos dan desde atrás, el miedo. Otro es una nota musical que nos atrae hacia nuestro Dios y que nos hace querer agradar a nuestro Padre que tanto ha hecho por nosotros.
Y yo creo que dependiendo del énfasis que pongamos en nuestra espiritualidad así va a ser de sana nuestra vida como congregación, como individuos y como padres también. En nuestro deseo de agradar a Dios tengamos cuidado que no vayamos al otro lado de no manejar, el no gustar, el no tocar, de la vida compulsiva santurrona que no agrada a Dios y que de espiritual no tiene nada, simplemente son, como dice aquí, cosas de hombres, inventos de hombres que se hacen los hombres, que usa barba o no usa barba, usa patilla o no usa patilla, usa traje largo o no usa traje largo. Son cosas, sí como dice Pablo, mira, a la verdad tienen cierta reputación de sabiduría, está bien, eso es bonito, eso ayuda y es lindo y el que lo quiera practicar está muy bien, pero en realidad eso no hace nada para cortar la tendencia pecaminosa que hay en nosotros.
Ahora, hermanos, qué estoy diciendo? Que una mujer o un hombre se vistan como un cualquiera? Yo creo que no, yo creo que el cristiano debe reflejar como dice también la palabra en su vestir modestia y todo lo demás. Pero de ahí a ser uno compulsivo y neurótico y temeroso, no, eso no es de Dios. Dios quiere más bien una sana espiritualidad, un sano deseo de agradarlo a él.
Y yo creo que eso es lo que permite verdaderamente que se cultive una santidad saludable en la vida de la iglesia y en la vida del hogar. El legalismo externo del uniforme y de las cosas largas y de la moralidad represiva, nunca creó un santo, todo lo contrario, frecuentemente lo que vemos es que lleva al escándalo y a la hipocresía. En muchos de esos ambientes represivos se dan cosas, hermanos, que si usted destapa la tapa de la olla hay grillos, hay gusanos, hay de todo ahí adentro, menos una sana espiritualidad.
Es lo que le pasó al pueblo de Israel. Sepulcros blanqueados, todo sistema legal y legalista de leyes y de prohibiciones, pero qué había debajo? Muerte espiritual, falta de sensibilidad. El Hijo de Dios estuvo caminando entre ellos y no lo pudieron ver porque estaban demasiado enamorados de sus preceptos y sus principios y sus leyes artificiales. Y eso es lo que pasa cuando se crea un ambiente represivo en el seno de una congregación o de una familia, el espíritu de Dios como que es contristado y se baja y entonces viene Satanás y produce precisamente lo que esa sensibilidad está tratando de escapar. Que rara es la mente humana, y que rara es la sensibilidad humana pero es así y a veces le hacemos fácil a Satanás la victoria.
Ahora, yo digo, donde está el genuino espíritu de Cristo hay libertad, hay risa, hay música alegre, hay fiesta, hay compañerismo, hay celebración entre los hermanos, hay gozo, el gozo del Señor está presente. El perfecto amor, dice, echa fuera el temor. Se predica una vida santa y agradable a Dios, sí, pero si alguien cae, el ánimo es restaurar y levantar al caído, no condenarlo, no caerle encima.
Yo creo, hermanos, en una teología que ve la santidad de todo lo creado y que todo lo consagra al Señor, todo pensamiento, todo impulso como dice Pablo, lo trae sujeto a la persona de Jesucristo. La naturaleza, el arte, todo consagrarlo al Señor y devolvérselo al que lo creó y al que lo dio. Y por eso es que yo creo que una iglesia verdaderamente profunda va a ser una iglesia que cultive todas esos aspectos de la creación y que los sujete a la santidad que Dios manda, no que los evita y les cierra la puerta y les clava seis clavos a la puerta para que no salga el demonio. Porque ya Satanás ha sido derrotado. Sus uñas le fueron sacadas, sus dientes le fueron sacados y ahora todo es de Cristo y nosotros somos de Cristo y todo está sujeto al Señor.
Y entonces podemos vivir y movernos en esa libertad. Y eso hermanos, si ustedes quieren saber lo que yo pienso como pastor aprovecho porque a veces la gente se pregunta verdaderamente qué estará pensando nuestro pastor acerca de esto y acerca de lo otro? Y yo creo que, hermanos, es promover en nosotros como iglesia y en mi propia vida una espiritualidad compleja que una a veces los extremos de una espiritualidad y de otra. Estamos buscando, hermanos, un balance y a veces eso nos llevará a experimentar y a llegar a callejones sin salida y tener que volver atrás un poco y buscar, pero en eso yo creo vamos a ser enriquecidos, en vez de meternos en un programa que recibimos de una denominación o de un libro, lo que sea, y ya por ahí seguimos y no hay desvío y entonces dejamos de ser creativos y dejamos de escuchar la voz del espíritu de Dios.
Una congregación que sea verdaderamente creativa a veces cometerá ciertos errores y ciertas cosas, pero Dios siempre la estará orientando hacia el derrotero que él quiere que siga. Pero yo digo, hermanos, a veces es bueno y es lindo que de todas las reuniones que hay durante el año, que son muy espirituales, que también cojamos una como para soltarnos el moño y celebrar lo que ustedes son como mujeres, que la belleza del cuerpo, y las cosas que Dios ha dado, yo creo que eso tiene su belleza y quizás alguno diría, una iglesia santa no haría eso. Pero yo creo que sí, porque una iglesia santa reconoce la santidad de todo lo creado y todo lo sujeta al Padre. Y entonces yo creo que eso tiene su lugar. Me encanta cuando nos reunimos para celebrar juntos y comer junto y gozar y reír, porque en todo eso estamos declarando el Dios que nos ha hecho libros por medio de Cristo Jesús.
Y eso es lo que yo me refiero, estoy tratando aquí de diferentes apuntar a ese espíritu alegre, libre, a ese balance entre la libertad y el libertinaje y la represión, al cual Dios nos ha llamado. Y eso es lo que nosotros como iglesia y como individuos tenemos que estar buscando en nuestras vidas, hermanos, una espiritualidad que glorifique a Dios en la manera en que Dios verdaderamente quiere ser glorificado, no el fariseísmo.
Por último, este pasaje me ha hablado mucho acerca de la importancia de evitar la religión muerta, la religión formal y formalista. Porque Pablo habla aquí de dejarse de esas cosas que son representativas y de ir a ese Cristo que ha hecho cosas reales en la vida de los colosenses. Hay que evitar la religión, hermanos, a mí no me gusta que me digan que yo soy una persona religiosa porque yo no soy religioso. Yo amo a Cristo Jesús y lo sirvo y he decidido entregar mi vida a él y peleo por eso lo más que puedo, por hacerlo, pero yo no estoy consagrado a ninguna religión, ni a ningún hombre ni a ningún sistema. Yo espero que ustedes tampoco lo estén. Sino que nosotros servimos a un Cristo vivo, servimos a un Cristo que ha obrado en nosotros y que nos ha transformado y que ha hecho cosas hermosas en nosotros. Y por tanto nuestra vida espiritual no debe ser religiosa y formal y ritualista sino que deber ser ferviente y vigorosa y llena de vitalidad. Debe proyectar la energía de Dios que se mueve dentro de nosotros, debe proyectar la presencia del espíritu de Dios que creó de la nada todo lo que existe, que hace cambios, que transforma, que sana, que da vida al muerto, que fortalece nuestro pensamientos y nuestros cuerpos. Nuestra vida espiritual debe reflejar ese vigor.
Romanos 12:11 habla de que estemos fervientes en espíritu y la idea de fervientes en el griego original es como un carbón encendido, rojo, a glow, como dicen en inglés, brillando como un carbón al rojo vivo. Y Pablo le habla a Timoteo, dice que te aconsejo que avives el fuego del don que hay en ti. Hay una alusión allí al fervor y a Timoteo se le llama como pastor, continuamente estar soplando. La idea es de coger una abanico y soplar ese fuego para que no se muera y avivarlo y levantarlo.
Y ustedes recordarán que lo que cayó sobre los primeros discípulos en Pentecostés no fueron copos de nieve, fueron lenguas como de fuego, dice, repartidas. Y el espíritu de Dios se movió en tal manera que la gente pensaba que estaban locos y que estaban borrachos. Hay un llamado en la vida cristiana a la vitalidad. El cristianismo bíblico, yo creo, que está caracterizado por el entusiasmo, por el fervor, por la intensidad, por la vida. Nuestras reuniones, hermanos, nuestra vida como iglesia, debe cultivar ese fervor, debe proyectar ese gozo, esa intensidad.
Cuando nos reunimos y cuando sentimos que está decayendo ese fuego del Señor debemos hacer una decisión como iglesia de volver a soplar ese fuego de Dios en nuestras vidas porque eso no depende de Dios que lo da una sola vez, sino que Dios interactúa con nosotros y Dios espera que cuando usted siente ya que usted se está sintiendo como indiferente a la palabra, que usted viene a la iglesia y su adoración está como medio muerta, que es un ritualismo, que usted no está sintiendo que Dios le está hablando y que está poniendo nuevas inquietudes en su vida, y que usted sale de la iglesia tal y como entró, alarmas deben comenzar a sonar por todas partes, tengo que volver a buscar el fuego de mi Señor. Y usted entonces hace una decisión de ir un tiempo a ayunar, o clamar a Dios, o preguntarle, Señor, hay algún pecado en mí o hay algo que está reprimiendo tu espíritu? O simplemente me he puesto indiferente, he perdido mi primer amor. Y tenemos que volver a buscar ese fuego y ese entusiasmo y ese gozo y ese enamoramiento por nuestro Señor. Porque la vida cristiana no debe nunca ser ritual, no debe ser formalista, no debemos poder simplemente venir aquí a la iglesia y salir como entramos, sino que tenemos que sentir que Dios nos ha tocado y nos ha impactado.
Y yo creo, hermanos, en las lágrimas, yo creo en el llanto cuando sale del corazón tocado por Dios. Yo creo en la risa que celebra la presencia de Dios en nuestras vidas. Yo creo en el clamor que brota en ¡Aleluya! En un gloria a Dios, porque sentimos que la presencia de Dios necesita ser proyectada y expresada porque la sentimos tan profundamente dentro de nosotros. Y yo creo en el fervor y en la vitalidad del Hijo de Dios. Yo creo que nuestras reuniones no deben ser reuniones de muertos sino reuniones de gente que ha recibido vida a través de Cristo y que lo están celebrando. Tenemos que cultivar eso. Tenemos pedirle al Señor que llene nuestra vida de ese entusiasmo que no seamos como esas iglesias que Cristo les dijo, tengo algo contra ti, has perdido tu primer amor y ya tu no me adoras con la misma espontaneidad con que tu lo hacías. Ya tus servicios y tus reuniones son rituales, son formulaicos y el Señor discierne eso, hermanos, en nuestra vida.
Yo le pido al Señor siempre porque yo lo experimento muchas veces las preocupaciones de la vida y la carga de la vida tienden a absorbernos la vitalidad y la amenaza siempre será esa, de perdernos y de hacer las cosas en automático, una espiritualidad dominguera. Somos cristianos cuando estamos en la iglesia solamente, pero no, Cristo nos ha llamado a una vida celebratoria, a una vida vital y gozosa, hermanos, a una vida espontánea que siempre esté examinando y re examinando las bases de su fe y volviendo a levantarlas frescas como pan salido del horno, nuevas, siempre descubriendo cosas nuevas que el Señor nos trae. Esa es la vida a la cual Dios nos ha llamado. No nos dejemos sujetar a leyes de hombres ni a sistema de hombres, vayamos a Cristo Jesús y que él renueve nuestro entendimiento día a día. Dios nos bendiga.